La "Minórica" romana

Historia de Menorca

El 123 a.C. las islas Baleares eran conquistadas por Roma. Quinto Cecilio Metelo fue el general que dirigió la campaña, recibiendo por ello el "cognomen" triunfal de "Balearicus". Los romanos dieron a la isla el nombre de "Balearis Minor" que en latín vulgar se transformó en "Minórica".

El proceso de romanización de los menorquines se desarrolló desde los núcleos urbanos situados junto a los principales puertos de la isla. En el interior los poblados talayóticos siguieron en vigencia sin experimentar cambios substanciales de su régimen de vida. Lo confirman los numerosos hallazgos de cerámica y monedas romanas que en ellos se han hecho.

El "Portus Magonis" en cambio se transforma en un centro de gran interés para el comercio y su ciudad (Magona) adquiere el rango de "Municipium Flavianum Magontanum" y entre sus habitantes figura una clase aristocrática formada sin duda de ricos comerciantes, como puede verse a través de la carta del obispo Severo y de los monumentos epigráficos que han aparecido dentro de esta área urbana.

Jamnona era la población romana correspondiente a la actual Ciutadella, que tenía al parecer un carácter mucho más agrícola que comercial. De ella dan referencia los geógrafos romanos y sobre todo la carta de Severo, habiéndose encontrado además en su recinto y alrededores una inscripción funeraria y restos de mosaicos pavimentales.

Sanicera viene citada por Plinio como otro núcleo urbano de Menorca; estaba situada al norte de la isla junto al puerto natural que ha conservado de aquella población su actual topónimo de "Sanitja". Quedan restos de edificios y sepulturas, así como bastantes vestigios de un camino romano que arranca de los alrededores de Alaior y llega junto a este puerto.

La red de estos caminos militares romanos en Menorca presentaba un notable desarrollo y subsisten aún de ellos bastantes tramos en buen estado de conservación. Una vía principal, de la que han aparecido algunas piedras del tiempo de Trajano, iba de un extremo a otro de la isla uniendo sus dos principales ciudades. De ella arrancaban los ramales que se dirigían a Sanicera, a la montaña de Santa Àgueda, a Son Bou, a Cales Coves y a Cala de Sant Esteve, lugares estos precisamente notados como centros de atracción humana desde tiempos remotos.

Vestigios arqueológicos.

Entre los vestigios romanos hallados en Menorca figuran diversas estatuillas, gran cantidad de monedas, muchas de ellas forman parte de colecciones extranjeras, sobre todo inglesas, y un busto en bronce de Tiberio que se halla en la Biblioteca Nacional de París, pieza muy destacada que fue descubierta en Maó en tiempos de la dominación francesa (1756-1763). En Cales Coves aparecen veintidós inscripciones romanas muy difíciles de leer que parecen datar de finales del s. II o principios del III d.C. y probablemente son de carácter ritual relativas a unas fiestas estaciónales de Primavera.

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